Y la ciencia no exacta detrás de él.
Pocas veces en la historia del mundo (sí, quizás esté exagerando un poco) se ha equivocado tanto y tantas veces el pronóstico del tiempo como en los últimos veinte días.
No sé Ustedes, pero soy un enfermito de fijarme a cada rato las actualizaciones del clima de la página del Servicio Meteorológico Nacional. No interesa si tengo algún plan o no que se pueda ver afectado por lluvia, sol, granizo, vientos fuertes, torbellinos, huracanes, ceniza volcánica, etc., etc. Miro el pronóstico con la misma fe con la cual leo el horóscopo todos los domingos. Pocas veces les creo, pero ante la duda prefiero saber si van a caer sapos del cielo o qué secretos guardan los astros para la semana que comienza.
Todos sabemos que pronosticar el tiempo no es nada fácil. Científicos con aparatos complejos estudian los movimientos de los vientos, las nubes, las masas de aire frio o cálido que se aproximan y transitan en nuestro gran cielo argentino. Cálculos matemáticos más complejos que los aparatos, ábacos informatizados que pueden sacar la raíz cuadrada hasta de un gallego. Impresionante.
Hace poco, se pronosticó casi casi el diluvio universal. Después de algunos meses de sequía, los dibujos animados de la página del SMN mostraban sólo nubes con rayos, gotitas de lluvia cayendo por doquier. Se advertían vientos fuertes del sud-este, rotando hacia el sud-oeste y la posibilidad de granizo.
No sé si habrán notado que, hasta hace no mucho tiempo el granizo casi ni existía o importaba muy poco. Pero, ¿qué pasó que ahora es tan importante? Algunos años atrás, cayó granizo del tamaño de Júpiter y nosotros, pobres ciudadanos desprevenidos, sufrimos las consecuencias no sólo en la carne, sino en la chapa de nuestros autos que circulaban o estaban estacionados a la intemperie. Después de este desafortunado acontecimiento, millones de personas comenzaron a enviar cartas y hacer manifestaciones, preguntando por qué el Servicio Meteorológino Nacional no les había avisado que semejante tragedia iba a ocurrir. A partir de ese día, se agregó la línea “probabilidad de granizo” en el pronóstico de todos los días, en todas las ciudades del país, inclusive aquellas en las cuales la posibilidad de que caiga granizo es tan alta como que Maradona vuelva a la selección (¡Ah!, ¿ya volvió?).
Estaba rogando que lloviera. El pasto estaba amarillo; mis azaleas estaban deprimidas por demás (esto es: hojitas cabizbajas, ramitas en forma de “U” invertida y una mirada triste, tristísima). “¿Riego? ¡No! Si hoy llueve y mañana también. Si llueve pasado mañana, será mejor que vacíe la pileta, la pinte y la lluvia todo poderosa se encargará de llenarla”, pensé. A medida que avanzaba el día previo al de la supuesta lluvia, el cielo se había tornado gris, empezaron a soplar ráfagas de viento. Hacia la noche de ese mismo día, no se veía una estrella. Estaba todo listo y me fui a dormir tranquilo, con una sonrisa en la cara pensando que por lo que decía el pronóstico, por las condiciones meteorológicas y porque veía a las hormigas corriendo de un lado al otro enloquecidas, al día siguiente, la bendición de la lluvia caería sobre mi mini desierto de naturaleza en terapia intensiva y muchas ganas de vivir.
La mañana siguiente me desperté a las seis. Puse el agua para los mates con cara de dormido y, como suricato saliendo de su madriguera, corrí las cortinas despacio. Los pájaros cantaban contentos. Me los imaginaba con una barra de jabón en un ala, pasándosela por debajo de la otra, dándose la ducha de su vida. Imaginaba una bandada de garzas chiflonas hurgando el suelo en busca de bichitos, dándose un festín digno de reyes. Imaginé hasta una ballena –que había llegado quién sabe cómo– sentada en los escalones de la pileta, pidiendo algún pescado, como si fuera un perro esperando su ración de comida matinal.
Cuando pude ver hacia afuera, todo se mantenía igual. Las azaleas me miraban como preguntándome “¿Y el agua, macho?”. Pensé que ya había llovido, por lo cual salí a comprobarlo. El pasto, como en un acto de protesta, se había retirado casi por completo, dejando a la vista un cacho de tierra mugrienta y seca; era una escena de pueblo fantasma del far west, pero sin el cardo que pasaba rodando…espero dos minutos y…pasó el cardo, mientras que las puertas del Saloon se movían en vaivén por el viento, que no había cesado. El cielo estaba límpido y celeste. Temperatura: 27ºC. Humedad: 25%. Y eran sólo las seis y cuarto de la mañana.
Volví adentro y me fijé de nuevo en la página del Servicio Meteorológico Nacional. ¡Eran todos soles para los próximos cinco días, ni granizo anunciado había! ¡Alguien se había robado mi lluvia!
Resignado, busqué la manguera y me puse a regar. También aprovechando el sol, lavé el auto. Después de cuatro horas de arduo trabajo, ya tenía casi todo el parque regado, el auto lavado, limpié los vidrios, todo hecho una pinturita.
Entré dos minutos para calentar más agua para más mate. Escuché unos ruidos raros afuera, a los cuales no les presté demasiada atención. El viento se había tornado intenso; podría decirse que era un viento “enojado”. ¿Con quién? No lo supe. Se notaba que había menos luz. Yo seguía en mi postura de no prestarle atención: “¡Clima, te estoy ignorando!” Quizás Godzilla se había parado justo en frente del sol y estaba haciendo sombra en mi ventana. Quién sabe.
Empecé a escuchar ruido a golpes - ramas que caían sobre el techo. Después empecé a escuchar ruido similar al de la lluvia. Miro hacia afuera y… ¡estaba lloviendo! De golpe –como generalmente sucede– el ruido se hizo más fuerte y más contundente, ¡era granizo del tamaño de Saturno, en estado completamente sólido, con sus respectivos anillos incluídos!
Vuelvo a fijarme el pronóstico: día 1: lluvia. Día 2: lluvia. Día 3: lluvia. Día 4: lluvia, granizo, sapos, jirafas y vientos huracanados. Pero, ¿qué es esto? ¿El INDEC? Imaginaba a los pronosticadores desesperados en su salita minutos antes, corriendo de un lado al otro con los ábacos y algún otro de sus elementos sofisticados y complejos en cuyas pantallas se leía: “Error fatal en el módulo 3746329, comuníquese con soporte técnico. Código de error Número: 6238x8223ooo923778236/4.34”. Mientras, el operador encargado de actualizar la página, gritaba en pánico: “¿Dónde están los dibujos de la lluvia? Robertooooooo, ¿dónde los metiste? ¡Decime rápido porque si no subo la foto de tu mujer, que la tengo más a mano!”.
Mientras esperaba que una grúa sacara un “granizo” del techo del auto y me fumaba un cigarrillo, pensaba qué lección podría sacar de esta experiencia. Me acordé de mi amigo Martín, que se había quebrado una de sus piernas algunos años atrás. Me acordé de un viaje a Córdoba en el cual le empezó a doler su hueso maltrecho y de su “Va a llover, me duele el hueso”. Obviamente, como al pronóstico, como al horóscopo y como al INDEC, no le creí. A la media hora se largó un chaparrón que nos hizo imposible continuar manejando.
Entonces, por más que haya muchos años de ciencia y de tecnología en la predicción del tiempo, mejor le pregunto a mi amigo Martín si le duele el hueso de su pierna. La tecnología puede fallar, los huesos rotos…no. Quizás le rompa la otra pierna, para saber si con esta nueva quebradura pueda decirme si cae granizo o no.
Una mirada torcida sobre las cosas que pasan...y las que no.
lunes, 29 de diciembre de 2008
lunes, 10 de noviembre de 2008
La " Onda"
Navegando en la marea de los estereotipos y los prejuicios.
Creo que en mi columna anterior, quedó claro que no “ondeo” y que nunca “ondeé” (o sea, nunca estuve en la desconocida, desfigurada y fabricada artificialmente “onda”). No sé lo que es tener onda. Me resulta algo tan amplio y tan vago que, después de varios intentos de “ondear”, desistí. Lo que está de “onda” no me gusta cómo me queda. Aunque siempre rescato algo de alguna “onda”, soy un rejunte de “ondas” distintas, dependiendo de la épocas, dependiendo de la ocasión y dependiendo…de la disponibilidad del guardarropas – otro recurso no renovable.
Comprar ropa me resulta engorroso y molesto, mucho más cuando los vendedores/as que me asisten (o deberían hacerlo) me dicen: “¡Ah! Eso te queda bárbaro” y me sobran veinte centímetros adelante de mis patas del ruedo del jean, la cintura me sobra por donde lo mires y el tiro del mismo está debajo de mis rodillas. Bolsillos en lugares extraños y poco prácticos, el del Zippo (ése chiquito que está del lado derecho, como en el borde del bolsillo “normal”) muy chico, etc., etc. “Se usa así” me dicen. Y, la verdad, es que a mí no me importa cómo se usen los Jeans. “¿No tenés un jean normal, flaco? De corte cuadrado, como yo. Gracias.”. La otra cosa son los talles: pido un jean talle 32-32. “No, ese talle no se fabrica”, a lo que respondo: “Ah, ¿no? ¿Y éste que tengo puesto?” Grillos por doquier y la cara atónita del vendedor, que ya fantasea con la idea de que el jean que tengo puesto me lo “alcanzó” un extraterrestre al cerro Uritorco.
Sin embargo estas vicisitudes menores en mi vida sin “onda” no son nada comparado con lo que me pasó el viernes pasado.
Hacía ya un mes que le había puesto el ojo a una cajera de una reconocida cadena de supermercados francesa (Pierre). Las veces que me la había cruzado en la caja, siempre había una cola interminable detrás de mí, con lo cual, no había margen para el diálogo (hay que tener en cuenta el instinto asesino que despierta - a los que están detrás nuestro - el exceso de tiempo entre el último “beep”, el “chriiiin chriiin” de cuando se imprime el ticket y la partida).
La cuestión es que este viernes fui al súper. Antes de entrar al salón de ventas, corroboré que mi cajera superstar estuviera en algún lado. La vi, entré y agarré algunas cosas que no necesariamente tenía que comprar. Raudamente me dirigí a la caja con la precisión de un misil sidewinder en plena guerra del golfo.
Mientras me acercaba a la caja en línea recta desde el fondo del salón, noto la presencia de un factor inesperado en mi gran plan de ataque. Un boy-scout estaba detrás de ella, esperando ansioso poder embolsar las compras del próximo cliente y recibir alguna contribución. “Santos boy-scouts” hubiera dicho Robin, yo me limité a profesar algunos epítetos poco amables al fundador del grupo y la maldita hora en la cual se les ocurrió comenzar con la práctica de “Te embolso las compras y nos das una moneda”.
Llego a la caja. “Hola Elizabeth, ¿cómo estás?”. “¡Ay, sabés mi nombre!”, me dijo con una sonrisa. (¡Beep! Mis tres productos hacían cantar a la maquinita). “¡Por supuesto! Es más, tenía ganas de invitarte a tomar algo hoy o mañana, si podés/querés, como para saber algo más que tu nombre. Sé que estas laburando y no te quiero molestar, pero no me queda otra”. Riéndose alegremente me pregunta si es en serio lo que le digo, a lo cual le respondo afirmativamente. Se sigue riendo (mucho) y me cuenta que la semana siguiente cumple 5 años de novia, que es una novia fiel, etc., etc. “Si nunca te preguntaba, nunca lo iba a saber”, le dije.
Ella seguía riéndose, cosa que ya era extraña. Le pregunto por qué tanta risa. Me mira y me dice: “No, es que….en realidad pensé que eras gay. Disculpáme que sea tan directa”. Después de que superé (en unos 3 nano segundos) el hecho, empecé a reírme a carcajadas. El boy-scout, al que ni miré en todo este tiempo, también se reía. Le pregunto por qué semejante sospecha recaía sobre mi pequeña y no “ondeada” persona y me dice: ”es que sos tan amable”. Me reí de nuevo. Lo miré al boy-scout y mientras sacaba de mi bolsillo normal de mi jean normal unas monedas le digo: “Flaco, hoy te hiciste el día, ¿eh? Primero, porque te estoy poniendo dos monedas de cincuenta centavos en la cajita y, segundo, te pudiste reír a carcajadas con el papelonazo que me acabo de comer”. Palmadita en la espalda del scout y me fui. Todos contentos.
Se me ocurrió pensar en cuántas mujeres que me conocen (un poco) pensarán “¡No, pero si es gay!”. Ante este acontecimiento, no es que vaya a realizar algún cambio radical en mi vida, en mi vestimenta, en mi forma de proceder, pero sí voy a hacerme hacer una remera que en el frente diga “No soy gay…” y en la parte de atrás: “…solamente soy amable”.
Creo que en mi columna anterior, quedó claro que no “ondeo” y que nunca “ondeé” (o sea, nunca estuve en la desconocida, desfigurada y fabricada artificialmente “onda”). No sé lo que es tener onda. Me resulta algo tan amplio y tan vago que, después de varios intentos de “ondear”, desistí. Lo que está de “onda” no me gusta cómo me queda. Aunque siempre rescato algo de alguna “onda”, soy un rejunte de “ondas” distintas, dependiendo de la épocas, dependiendo de la ocasión y dependiendo…de la disponibilidad del guardarropas – otro recurso no renovable.
Comprar ropa me resulta engorroso y molesto, mucho más cuando los vendedores/as que me asisten (o deberían hacerlo) me dicen: “¡Ah! Eso te queda bárbaro” y me sobran veinte centímetros adelante de mis patas del ruedo del jean, la cintura me sobra por donde lo mires y el tiro del mismo está debajo de mis rodillas. Bolsillos en lugares extraños y poco prácticos, el del Zippo (ése chiquito que está del lado derecho, como en el borde del bolsillo “normal”) muy chico, etc., etc. “Se usa así” me dicen. Y, la verdad, es que a mí no me importa cómo se usen los Jeans. “¿No tenés un jean normal, flaco? De corte cuadrado, como yo. Gracias.”. La otra cosa son los talles: pido un jean talle 32-32. “No, ese talle no se fabrica”, a lo que respondo: “Ah, ¿no? ¿Y éste que tengo puesto?” Grillos por doquier y la cara atónita del vendedor, que ya fantasea con la idea de que el jean que tengo puesto me lo “alcanzó” un extraterrestre al cerro Uritorco.
Sin embargo estas vicisitudes menores en mi vida sin “onda” no son nada comparado con lo que me pasó el viernes pasado.
Hacía ya un mes que le había puesto el ojo a una cajera de una reconocida cadena de supermercados francesa (Pierre). Las veces que me la había cruzado en la caja, siempre había una cola interminable detrás de mí, con lo cual, no había margen para el diálogo (hay que tener en cuenta el instinto asesino que despierta - a los que están detrás nuestro - el exceso de tiempo entre el último “beep”, el “chriiiin chriiin” de cuando se imprime el ticket y la partida).
La cuestión es que este viernes fui al súper. Antes de entrar al salón de ventas, corroboré que mi cajera superstar estuviera en algún lado. La vi, entré y agarré algunas cosas que no necesariamente tenía que comprar. Raudamente me dirigí a la caja con la precisión de un misil sidewinder en plena guerra del golfo.
Mientras me acercaba a la caja en línea recta desde el fondo del salón, noto la presencia de un factor inesperado en mi gran plan de ataque. Un boy-scout estaba detrás de ella, esperando ansioso poder embolsar las compras del próximo cliente y recibir alguna contribución. “Santos boy-scouts” hubiera dicho Robin, yo me limité a profesar algunos epítetos poco amables al fundador del grupo y la maldita hora en la cual se les ocurrió comenzar con la práctica de “Te embolso las compras y nos das una moneda”.
Llego a la caja. “Hola Elizabeth, ¿cómo estás?”. “¡Ay, sabés mi nombre!”, me dijo con una sonrisa. (¡Beep! Mis tres productos hacían cantar a la maquinita). “¡Por supuesto! Es más, tenía ganas de invitarte a tomar algo hoy o mañana, si podés/querés, como para saber algo más que tu nombre. Sé que estas laburando y no te quiero molestar, pero no me queda otra”. Riéndose alegremente me pregunta si es en serio lo que le digo, a lo cual le respondo afirmativamente. Se sigue riendo (mucho) y me cuenta que la semana siguiente cumple 5 años de novia, que es una novia fiel, etc., etc. “Si nunca te preguntaba, nunca lo iba a saber”, le dije.
Ella seguía riéndose, cosa que ya era extraña. Le pregunto por qué tanta risa. Me mira y me dice: “No, es que….en realidad pensé que eras gay. Disculpáme que sea tan directa”. Después de que superé (en unos 3 nano segundos) el hecho, empecé a reírme a carcajadas. El boy-scout, al que ni miré en todo este tiempo, también se reía. Le pregunto por qué semejante sospecha recaía sobre mi pequeña y no “ondeada” persona y me dice: ”es que sos tan amable”. Me reí de nuevo. Lo miré al boy-scout y mientras sacaba de mi bolsillo normal de mi jean normal unas monedas le digo: “Flaco, hoy te hiciste el día, ¿eh? Primero, porque te estoy poniendo dos monedas de cincuenta centavos en la cajita y, segundo, te pudiste reír a carcajadas con el papelonazo que me acabo de comer”. Palmadita en la espalda del scout y me fui. Todos contentos.
Se me ocurrió pensar en cuántas mujeres que me conocen (un poco) pensarán “¡No, pero si es gay!”. Ante este acontecimiento, no es que vaya a realizar algún cambio radical en mi vida, en mi vestimenta, en mi forma de proceder, pero sí voy a hacerme hacer una remera que en el frente diga “No soy gay…” y en la parte de atrás: “…solamente soy amable”.
sábado, 8 de noviembre de 2008
What Light
Intérprete: Wilco
Letra: http://www.bemydemon.org/songs/light.htm
If you feel like singing a song / Si te sentís como para cantar una canción
And you want other people to sing along / y querés que la gente cante con vos
Just sing what you feel / Sólo cantá lo que sentís
Don’t let anyone say it’s wrong / No dejes que nadie diga que está mal
And if you’re trying to paint a picture / Si estás tratando de pintar un cuadro
But you’re not sure which colors belong / Pero no estás seguro de sus colores
Just paint what you see / Sólo pintá lo que ves
Don’t let anyone say it’s wrong / No dejes que nadie diga que está mal
And if you’re strung out like a kite / Y si estás colgado como un barrilete
Or stung awake in the night / O si estás irritado y despierto en la noche
It’s alright to be frightened / Está bien tener miedo
When there’s a light (what light) / Cuando hay una luz (que luz?)
There’s a light (one light) / Hay una luz (qué luz?)
There’s a light (white light) / Hay una luz (qué luz?)
Inside of you / Dentro tuyo
If you think you might need somebody / Si pensás que precisarías de alguien
To pick you up when you drag / Para levantarte cuando estés deprimido
Don’t loose sight of yourself / No te pierdas de vista
Don’t let anyone change your bag / No dejes que nadie cambie tu bolso
And if the whole world’s singing your songs / Y si todo el mundo está cantando tus canciones
And all of your paintings have been hung / Y todos tus cuadros hayan sido colgados
Just remember what was yours is everyone’s from now on / Sólo recordá que lo que era tuyo es de todos de ahora en más
And that’s not wrong or right / Y eso no está bien o mal
But you can struggle with it all you like / Pero podés pelearlo todo lo que quieras
You'll only get uptight / Solamente te tensionarás
Because there’s a light (what light) / Porque hay una luz (que luz?)
There’s a light (one light) / Hay una luz (una luz)
There’s a light (white light) / Hay una luz (blanca luz)
There’s a light (what light) / Hay una luz (que luz?)
There’s a light (one light) / Hay una luz (una luz)
There’s a light (white light) / Hay una luz (blanca luz)
There’s a light (what light) / Hay una luz (que luz?)
There’s a light (one light) / Hay una luz (una luz)
There’s a light (white light) / Hay una luz (blanca luz)
There’s a light (what light) / Hay una luz (que luz?)
There’s a light (one light) / Hay una luz (una luz)
There’s a light (white light) / Hay una luz (blanca luz)
Inside of you / Dentro tuyo
Letra: http://www.bemydemon.org/songs/light.htm
If you feel like singing a song / Si te sentís como para cantar una canción
And you want other people to sing along / y querés que la gente cante con vos
Just sing what you feel / Sólo cantá lo que sentís
Don’t let anyone say it’s wrong / No dejes que nadie diga que está mal
And if you’re trying to paint a picture / Si estás tratando de pintar un cuadro
But you’re not sure which colors belong / Pero no estás seguro de sus colores
Just paint what you see / Sólo pintá lo que ves
Don’t let anyone say it’s wrong / No dejes que nadie diga que está mal
And if you’re strung out like a kite / Y si estás colgado como un barrilete
Or stung awake in the night / O si estás irritado y despierto en la noche
It’s alright to be frightened / Está bien tener miedo
When there’s a light (what light) / Cuando hay una luz (que luz?)
There’s a light (one light) / Hay una luz (qué luz?)
There’s a light (white light) / Hay una luz (qué luz?)
Inside of you / Dentro tuyo
If you think you might need somebody / Si pensás que precisarías de alguien
To pick you up when you drag / Para levantarte cuando estés deprimido
Don’t loose sight of yourself / No te pierdas de vista
Don’t let anyone change your bag / No dejes que nadie cambie tu bolso
And if the whole world’s singing your songs / Y si todo el mundo está cantando tus canciones
And all of your paintings have been hung / Y todos tus cuadros hayan sido colgados
Just remember what was yours is everyone’s from now on / Sólo recordá que lo que era tuyo es de todos de ahora en más
And that’s not wrong or right / Y eso no está bien o mal
But you can struggle with it all you like / Pero podés pelearlo todo lo que quieras
You'll only get uptight / Solamente te tensionarás
Because there’s a light (what light) / Porque hay una luz (que luz?)
There’s a light (one light) / Hay una luz (una luz)
There’s a light (white light) / Hay una luz (blanca luz)
There’s a light (what light) / Hay una luz (que luz?)
There’s a light (one light) / Hay una luz (una luz)
There’s a light (white light) / Hay una luz (blanca luz)
There’s a light (what light) / Hay una luz (que luz?)
There’s a light (one light) / Hay una luz (una luz)
There’s a light (white light) / Hay una luz (blanca luz)
There’s a light (what light) / Hay una luz (que luz?)
There’s a light (one light) / Hay una luz (una luz)
There’s a light (white light) / Hay una luz (blanca luz)
Inside of you / Dentro tuyo
lunes, 27 de octubre de 2008
Eso
Esta es una historia de caballería sin caballos, sin armaduras, sin caballeros puros ni doncellas con su dignidad intacta. No hay castillos, ni ejércitos contra los cuales enfrentarse.
La batalla se lleva adelante en el interior. No de un espacio de algún país, sino, adentro mío. Tenía contenida esta sensación, este fuego, esta imparable y perturbadora cosa. La tenía controlada. La guardaba en una botella de vidrio grueso. Desde afuera se veía el contenido, pero sólo se veía – en definitiva, soy humano. Habitaban en mi muchas otras cosas, que fluían de un lado al otro y en todas direcciones, pero eran varias cosas, muchas…muchísimas, podría decirse. Había música, había libros, había fotografías, había recuerdos, había pensamientos, había ideas, había sentimientos.
Llegaste con tu martillo, rompiste la botella y lo que guardaba empezó a desparramarse. Al principio Eso se mantenía relativamente en calma. Solamente se desparramaba un poco en ciertos momentos y ante determinados estímulos. Y ahí quedaba. Podría decir que estaba acostumbrado a ocupar ése, su lugar. La música, los libros, los diarios, los pensamientos, habitantes ya permanentes – pensé – cada uno de su espacio, seguían ahí, imperturbables, inamovibles. A medida que fue pasando el tiempo Eso empezó a fluir, de a poco ocupando espacios que ocuparon otras.
Hoy, dos semanas después de “quiero tenerte ahora”, Eso lo abarca todo. Ocupó – como generalmente pasa con todo Eso no consumado– absolutamente todos los espacios, cada rincón, cada célula, cada fibra de mi cuerpo y cada segundo de mis pensamientos. Me gustaría escapar de Eso, volver a meterlo en su botella gruesa, pero no puedo. Quiero evitar Eso y, sin embargo, está. Ayer a la noche me despertó e impidió que pueda volver a dormirme.
Mientras cavilaba fumándome un cigarrillo y caminando sin parar, me di cuenta que no tengo que escaparme, ni esconderme de Eso. No tiene sentido tampoco intentar combatirlo, es una batalla perdida. Lo único que puedo hacer para volver a mi normalidad, a poner cada cosa en su lugar es hacer lo que Eso me pide a gritos. Eso tiene tu cara, Eso tiene tu cuerpo…Eso es lo que quiero.
La batalla se lleva adelante en el interior. No de un espacio de algún país, sino, adentro mío. Tenía contenida esta sensación, este fuego, esta imparable y perturbadora cosa. La tenía controlada. La guardaba en una botella de vidrio grueso. Desde afuera se veía el contenido, pero sólo se veía – en definitiva, soy humano. Habitaban en mi muchas otras cosas, que fluían de un lado al otro y en todas direcciones, pero eran varias cosas, muchas…muchísimas, podría decirse. Había música, había libros, había fotografías, había recuerdos, había pensamientos, había ideas, había sentimientos.
Llegaste con tu martillo, rompiste la botella y lo que guardaba empezó a desparramarse. Al principio Eso se mantenía relativamente en calma. Solamente se desparramaba un poco en ciertos momentos y ante determinados estímulos. Y ahí quedaba. Podría decir que estaba acostumbrado a ocupar ése, su lugar. La música, los libros, los diarios, los pensamientos, habitantes ya permanentes – pensé – cada uno de su espacio, seguían ahí, imperturbables, inamovibles. A medida que fue pasando el tiempo Eso empezó a fluir, de a poco ocupando espacios que ocuparon otras.
Hoy, dos semanas después de “quiero tenerte ahora”, Eso lo abarca todo. Ocupó – como generalmente pasa con todo Eso no consumado– absolutamente todos los espacios, cada rincón, cada célula, cada fibra de mi cuerpo y cada segundo de mis pensamientos. Me gustaría escapar de Eso, volver a meterlo en su botella gruesa, pero no puedo. Quiero evitar Eso y, sin embargo, está. Ayer a la noche me despertó e impidió que pueda volver a dormirme.
Mientras cavilaba fumándome un cigarrillo y caminando sin parar, me di cuenta que no tengo que escaparme, ni esconderme de Eso. No tiene sentido tampoco intentar combatirlo, es una batalla perdida. Lo único que puedo hacer para volver a mi normalidad, a poner cada cosa en su lugar es hacer lo que Eso me pide a gritos. Eso tiene tu cara, Eso tiene tu cuerpo…Eso es lo que quiero.
domingo, 19 de octubre de 2008
Antropología urbana
Emos, Floggers, Rappers, Blancanieves y los siete enanitos
Se me dice que vivo en un tupper. No tengo tele, sintonizo radio AM y la música que escucho es en relación a búsquedas en la Web de bandas similares a las que ya escucho. No soy un tipo “de la noche”. Mis salidas son contadas y a barcitos, restaurantes, con amigos. Hace bastante tiempo atrás dejé “las pistas”, nunca fui muy fanático del boliche; el solo hecho de tener que esperar hasta las 2 o 3 de la madrugada para salir no me causa demasiada gracia. A esas horas o estoy durmiendo o estoy “ocupado” en otros menesteres – despierto, pero con insomnio.
Cada tanto, por esa cuestión de que – aunque no lo crean – formo parte de este menjunje desordenado & ruidoso llamado “sociedad”, veo algo de TV y salgo – por un tiempo– de las cuatro paredes en las cuales me encuentro ahora.
Hace algún tiempo atrás, cuando iba a algún shopping o a comprar alguna baratija por ahí, noté ciertos personajes que antes no existían – o por lo menos yo nunca los había visto.
Ropa mayormente negra, ojos maquillados con delineador, un mechón de pelo tapándoles la mitad de la jeta y una expresión de tristeza en todo el cuerpo (desde la expresión en sus caras, hasta la manera en la cual se paran). Parecían un grupo de Playmobils tristes. “¿Se volvió a juntar The Cure?” – me pregunté.
Caminando, me cruzo con otro grupito. El peinado era más o menos parecido, pero un poco más largo y más batido o revuelto. Ropa de colores. Anteojos de sol – a pesar del cielo negro que anticipaba la tormenta del siglo. Cámaras digitales en mano, sacándose fotos entre ellos en distintas poses. Por lo menos había algunas sonrisas. Mmmm… “Alguno escuchará Poison?”
Las sorpresas no terminan ahí. Más adelante me encuentro con otro grupo, quizás más conocido o más identificable para mí. Toda su ropa es ancha, extra large; cadenas de pseudo-oro con medallas que le llegan hasta el ombligo, una gorra con la visera chanfleada hacia un costado. Aguzo la mirada y noto que, ¡se le caen los pantalones! ¡Flaco, se te ve medio trasero! ¡Y, para colmo de males, tenés un agujero en el calzón! Elemental, mi querido Watson: cómo no se les va a ver el trasero si los pantalones son 40 talles más grandes y no tienen cinturón. Además, esa manera de caminar… ¿formarán parte de un grupo de chicos con problemas motrices? Hablan del ghetto, mueven mucho las manos cuando hablan, ponen los dedos de una manera muy rara. A estos chicos definitivamente les pasa algo…o vinieron directamente de los suburbios de Los Angeles y están intentando adaptarse - con poco éxito. Son rappers, pero… ¿estoy en Buenos Aires, no?
Otro día fuera del tupper, prendo la tele – esa fuente inagotable de sabiduría – y ahí los veo, a todos juntos. ¡Ah! ¡Ahora sí! Son Emos, Floggers, Rappers, Cumbios, etc. Cada uno explicando – en un reconocido programa de TV conducido por una mujer que se niega a envejecer – las características de cada una de sus “tribus”.
Wow. Habla un sociólogo. Está explicando todo. Esto debe ser algo importante, trascendental a la evolución de la sociedad. Lo escucho atento. A medida que avanza en su explicación empiezo a notar ciertas similitudes en las características de estas personas con mi ser de hace un tiempo atrás. Interesante. Ahá. Y me surgen las siguientes preguntas, más relacionadas con las personalidades de estas personas: “¿Fui yo un Emo adelantado? ¿Fui un Hippie postergado en el tiempo? ¿Fui un Flogger que carecía de internet y cámara digital?”. La respuesta me golpeó como a un insecto el parabrisas de un auto en la ruta: ¡No! ¡Fui adolescente!
Desde el mi tupper, me despido con la expectativa de saber qué otra tendencia “nueva” se inventará para los próximos 10 años.
Se me dice que vivo en un tupper. No tengo tele, sintonizo radio AM y la música que escucho es en relación a búsquedas en la Web de bandas similares a las que ya escucho. No soy un tipo “de la noche”. Mis salidas son contadas y a barcitos, restaurantes, con amigos. Hace bastante tiempo atrás dejé “las pistas”, nunca fui muy fanático del boliche; el solo hecho de tener que esperar hasta las 2 o 3 de la madrugada para salir no me causa demasiada gracia. A esas horas o estoy durmiendo o estoy “ocupado” en otros menesteres – despierto, pero con insomnio.
Cada tanto, por esa cuestión de que – aunque no lo crean – formo parte de este menjunje desordenado & ruidoso llamado “sociedad”, veo algo de TV y salgo – por un tiempo– de las cuatro paredes en las cuales me encuentro ahora.
Hace algún tiempo atrás, cuando iba a algún shopping o a comprar alguna baratija por ahí, noté ciertos personajes que antes no existían – o por lo menos yo nunca los había visto.
Ropa mayormente negra, ojos maquillados con delineador, un mechón de pelo tapándoles la mitad de la jeta y una expresión de tristeza en todo el cuerpo (desde la expresión en sus caras, hasta la manera en la cual se paran). Parecían un grupo de Playmobils tristes. “¿Se volvió a juntar The Cure?” – me pregunté.
Caminando, me cruzo con otro grupito. El peinado era más o menos parecido, pero un poco más largo y más batido o revuelto. Ropa de colores. Anteojos de sol – a pesar del cielo negro que anticipaba la tormenta del siglo. Cámaras digitales en mano, sacándose fotos entre ellos en distintas poses. Por lo menos había algunas sonrisas. Mmmm… “Alguno escuchará Poison?”
Las sorpresas no terminan ahí. Más adelante me encuentro con otro grupo, quizás más conocido o más identificable para mí. Toda su ropa es ancha, extra large; cadenas de pseudo-oro con medallas que le llegan hasta el ombligo, una gorra con la visera chanfleada hacia un costado. Aguzo la mirada y noto que, ¡se le caen los pantalones! ¡Flaco, se te ve medio trasero! ¡Y, para colmo de males, tenés un agujero en el calzón! Elemental, mi querido Watson: cómo no se les va a ver el trasero si los pantalones son 40 talles más grandes y no tienen cinturón. Además, esa manera de caminar… ¿formarán parte de un grupo de chicos con problemas motrices? Hablan del ghetto, mueven mucho las manos cuando hablan, ponen los dedos de una manera muy rara. A estos chicos definitivamente les pasa algo…o vinieron directamente de los suburbios de Los Angeles y están intentando adaptarse - con poco éxito. Son rappers, pero… ¿estoy en Buenos Aires, no?
Otro día fuera del tupper, prendo la tele – esa fuente inagotable de sabiduría – y ahí los veo, a todos juntos. ¡Ah! ¡Ahora sí! Son Emos, Floggers, Rappers, Cumbios, etc. Cada uno explicando – en un reconocido programa de TV conducido por una mujer que se niega a envejecer – las características de cada una de sus “tribus”.
Wow. Habla un sociólogo. Está explicando todo. Esto debe ser algo importante, trascendental a la evolución de la sociedad. Lo escucho atento. A medida que avanza en su explicación empiezo a notar ciertas similitudes en las características de estas personas con mi ser de hace un tiempo atrás. Interesante. Ahá. Y me surgen las siguientes preguntas, más relacionadas con las personalidades de estas personas: “¿Fui yo un Emo adelantado? ¿Fui un Hippie postergado en el tiempo? ¿Fui un Flogger que carecía de internet y cámara digital?”. La respuesta me golpeó como a un insecto el parabrisas de un auto en la ruta: ¡No! ¡Fui adolescente!
Desde el mi tupper, me despido con la expectativa de saber qué otra tendencia “nueva” se inventará para los próximos 10 años.
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